Recientemente, acabo de leer el libro titulado “La Combinación de los Alimentos”, escrito por el doctor Herbert M. Shelton, en dicha obra, señala lo siguiente: “Beber agua en la comida debilita la acción de la saliva sobre los almidones, tanto en la boca como en el estómago. Además, no es cierto que necesitemos tomar agua durante la comida para ayudar a la digestión. Es mucho mejor beber diez o quince minutos antes. El agua durante la comida diluye los jugos digestivos y los arrastra junto con sus enzimas.”
Cuanto más uno conoce del funcionamiento del cuerpo humano, más deberíamos cuidarlo, modernamente encontramos que la ciencia de la fisiología nos da una mejor comprensión del funcionamiento de nuestro organismo y razón del porqué algunas cosas son necesarias que se practiquen para el cuidado de nuestro cuerpo.
El proceso de la digestión es una actividad orgánica que requiere, para su buen funcionamiento, el que se cuide que las enzimas que trabajan sobre los alimentos ingeridos, tengan el ambiente necesario para que puedan realizar sus funciones sobre los procesos de cada uno de esos alimentos para poder finalmente ser incorporados al torrente sanguíneo y así cumplir con la debida nutrición del organismo.
El agua que ingerimos, con los alimentos o una vez terminada la comida, entorpece los jugos gástricos o la enzima salivar que deberían ejercer su función sobre los alimentos que se ingieren para degradarlo y así ponerlos en las condiciones necesarias para ser asimilados en el torrente sanguíneo con el propósito de mantener la debida nutrición y las funciones físicas de nuestro cuerpo.
Toda persona, debería con atención, cuidar sus hábitos de alimentación, y uno de esos hábitos a cuidar debería ser el que usted evite ingerir agua o cualquier líquido, especialmente esos líquidos fríos, juntamente con sus alimentos o inmediatamente después de una comida regular. Recuerden que en este mundo, hay tantas cosas anormales que se hacen tan frecuentemente que podemos llegar hasta creer que son cosas normales.
Se espera de usted que sea una persona diferente, cuidando su cuerpo como templo del Espíritu Santo.
Ciertamente, lo que dijo el doctor Herbert M. Shelton acerca del agua y sus efectos sobre la digestión, hace tiempo que me lo dijeron: “Muchos cometen un error al beber agua fría en sus comidas. Tomada con las comidas, el agua disminuye el flujo de las glándulas salivales; y cuanto más fría el agua, mayor es el perjuicio para el estómago. El agua o la limonada heladas, tomadas con la comida, detendrán la digestión hasta que el organismo haya impartido suficiente calor al estómago para habilitarlo a reiniciar su tarea… Cuanto más líquido se introduzca en el estómago con las comidas, tanto más difícil es que los alimentos se digieran…” (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 504)
Mi apreciado hermano, hace tiempo que Dios se lo dijo a Elena White, hágale caso para su propio bien físico y también para su bien espiritual, porque cuando obedecemos estos principios de salud también estamos obedeciendo al Dios que nos creó.